quarta-feira, 8 de setembro de 2010

23:23 traducido para Castellano

De pie, jadeante, aparecí en la punta de la pasarela, perpendicular a la playa.

Me adentré, paulatinamente, en el arenal hasta las espumas y las estrellas exprimidas,

sin luz de luna a la vista.



En flash, evoqué cómo de niña (e incluso de adolescente),

durante el viaje de mañana en autocarro a la escuela,

me apetecía abrazar todo el paisaje que los ojos lograsen alcanzar

y me daba vergüenza que me leyesen los sentimientos en aquel mirar aéreo y excessivo.



Allá, en la pasarela, no fue mi pequeñez,

frente a la (in)finidad de aquel océano y firmamento,

lo que me rescató

: fueron las respiraciones completas [simultáneas] con todo lo que allí respiraba.

Inmiscuida y simbiótica respiraba.



Me reerigí

―Órgano de la Paz―

perpleja, diáfana, incomensurable,

mucho más allá de las vigas de madera que parecían sosternerme los pies.



Y debo de haber sido feliz, porque no tengo recuerdo de SER tan enteramente libre,

libre hasta de mí,

sobre todo cuando, súbitamente, comprendí que aquel

Silencio

de brisa en blandas olas nocturnas y aromas a flora de dunas primaverales

era, al cabo, tan importante y pleno de budeidad

como el trash-metal, tumba que dale toda la tarde, del vecino del primero.



Suzana Guimaraens


(Trad.: María Alonso Seisdedos)

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